He visto suficientes proyectos morir con el plan de negocio impecable encima de la mesa. El problema casi nunca está en la idea: está en la distancia entre lo que la empresa dice hacer y lo que su estructura le permite hacer realmente.
Mi trabajo consiste en cerrar esa distancia. Se examina la operación como está —no como debería estar—, se identifica dónde se pierde margen, dónde se duplica esfuerzo y dónde la estructura societaria estorba en lugar de proteger. Después se reconstruye.
No vendo motivación. Vendo criterio construido sobre operaciones propias que siguen funcionando y que cualquiera puede comprobar en un registro mercantil.
Un portafolio bien diversificado no es una colección de apuestas. Es una estructura donde cada pieza cubre el riesgo de la siguiente.